¿A quién no le ha ocurrido alguna situación en su vida comprometida, vergonzosa, vamos de ponerte la cara colorada y desear que te trague la tierra? Pues a todos claro. El caso es que a mí me han sucedido todas. Soy un tío gafado, que le vamos a hacer, tengo más mala suerte que un perro en china. Yo soy de los que decían, “me lio con la fea y así la guapa querrá liarse conmigo”… y acabé casándome con la fea… en fin.
*La primera que recuerdo fue siendo yo un zagalillo de unos 5 ó 6 años. Iba con mis padres, cogido de la mano de mi padre, por el centro de la ciudad. Iban mirando escaparates y yo, como buen crio, dando por saco y aburrido. De repente vi una tienda de juguetes y tiré de la mano de mi padre hacia ella. Recuerdo que se me salían los ojos, “me lo pido, me lo pido, me lo pido, me lo pido”, y entre tanto pedir y pedir, solté la mano de mi padre, aunque lo seguía viendo de reojo. Con estas que, después de un rato largo, y sin quitar la mirada del escaparate volví a coger la mano a mi padre. “¡Pápa!, ¡quiero el Hulk Hogan para reyes, el coche teledirigido, el Blandieblú, el Heman…!”, todo esto mirándome la mano mientras los iba numerando, cuando, me da por mirar a la cara de mi padre y…¡¡¡ostias!!!, ¡si no es mi padre!. Me quedé petrificado y acojonado, y es que ya llevaba rato con su mano cogida. A lo lejos escuché unas risas, y sí, eran mis padres, que no habían perdido ni un ápice de lo que estaba pasando. Solté al “extraño” y fui corriendo hacia ellos llorando como si hiciera años que no los veía. Que mal lo pasé…
*En los centros docentes tampoco me he librado de pasarlo mal. Cursaba 8º de E.G.B. Teníamos en clase un repetidor o tripitidor, no estoy seguro. Creo que tenía un hijo en 2º. De la quinta del profesor, vamos. Como era un inútil, los profesores pasaban mucho de él, pero claro, los que lo sufríamos éramos los demás alumnos. Un día, me sacó la Señorita Irene al encerado a hacer unos ejercicios de matemáticas que nos había mandado el día anterior. “¡Qué suerte!”, pensé, “para un día que los hago”, y me puse a realizar el ejercicio ajeno al universo. Tan ajeno, que ni me di cuenta que la profesora había salido, y al repetidor no se le ocurrió otra cosa mejor que ir hacia mí, sigiloso, y delante de toda la clase, bajarme los pantalones. Ya es vergonzoso quedarte en calzoncillos delante de toda la clase (y sobre todo delante de todas las chicas), pero más vergonzoso fue que me enganchó también los calzoncillos, y me quedé con el culo al aire. Tardé cero coma en volvérmelos a subir, pero el descojono fue tal, que vinieron dos profesores de las clases de al lado para ver qué estaba pasando. Encima explícaselo…
*Años más tarde, ya en el instituto, con 14 años aproximadamente, se me escapó una palabra “maldita” en clase. Es posible que sea la peor palabra que se le puede escapar a un chico semi-adolescente en medio de una clase. Estábamos en clase de literatura, con Doña Berta una mujer ya entrada en años y muy buena con nosotros, muy “madraza”. Estaba dando clase sobre Quevedo, y yo, que ya sabía que Quevedo y Góngora no se llevaron bien, en un alarde de sabiduría y de quedar por encima de todos, le quise preguntar: “Doña Berta, ¿es verdad que Quevedo y Góngora se llevaban a matar?” pero no, me salió la palabra maldita, le dije “Mamá”. Las risas en clase fueron monumentales. Me puse rojo como un camión de tomates maduros, no sabía ni dónde meterme. Menudo cachondeo…
*Tenía unos 17 años más o menos. Enfrente mío, en el 3º A vivía mi vecina, de mi edad, preciosa, estaba buena a rabiar, más desarrollada que un comentario de texto de Stephen Hawkins. Al principio no me hacia ni caso, como si no existiese, pero pegué un estirón muy rápido en un par de meses, cogí algo de altura y perdí unos kilos. De repente, ya me miraba cuando nos cruzábamos en las escaleras, incluso me decía hola sonrojándose. Un día, por la tarde, bajaba de mi casa a ver a unos colegas, y nada más meterme en el ascensor, me tiré un pedo-metralleta tipo Guiness de escándalo. Humo verde y todo se podía ver, que peste mas maloliente, pero que rico me sabia, me sentía orgulloso de mi mismo… hasta que vi como se abría la puerta de la casa de mi vecina y salía ella. Le di al botón de bajada rapidísimamente, pero no fue suficiente. Paró la puerta con la mano y entró con una sonrisa de oreja a oreja, mirándome con ojillos… Se me hizo eterno el viaje del 3º al bajo. “Vaya… como huele… ¿eh?… deben de ser las cañerías…” le dije, intentando disimular. “Si… si… las cañerías” me respondió mientras se tapaba la nariz y me miraba de arriba abajo con cara de asco, y claro, dejó de dirigirme la palabra y la mirada para los restos. Creo que ya ni cogía el ascensor…
-Seguiré contándoos historias de mi vergonzosa vida… que ahora me he deprimido…snif, snif.
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jajajajaja no jodas que lamaste a la profesora “mamá”??!! deprimente…jajajajjajjajaja
Hola, soy tu amigo, sí, el repetidor que te dejó con el culo al aire, jajaja, todavía me descojono cuando lo recuerdo, me pasé 3 meses planeándolo, pero nececesitaba una cobaya digna de mi pillería, y tan ingenuo como para salir de chándal a la pizarra …. Por cierto, espero que lo hayas superado…..
como recurrimos a las cañerias siempre k huele a pedo eh? jajajja no te preocupes k no eres el unico en el mundo k lo ha hecho…