Si señores si, la primera película gay de la historia. Estamos hablando de la época de Maricastaña, en la que los hombres eran tipos rudos con pelo en pecho, que lo mas que sabían escribir era poniendo su huella dactilar en una espada. Y llega William Wallace, un tío con nombre de burdel “William Wallace Paradise”, y se lo lleva su tío siendo un crio medio lelo y retrasaino y le enseña a escribir y peor aún le enseña “idiomas”. Por dios. A ver para qué coño quiere saber idiomas en una época que se comunicaban mediante golpes; el francés “la mour” y ya el colmo el latín por todos conocidos un idioma muy gay (gayir, gayar, gayaer)
A lo largo de la peli se lía con una tía, claro, pero ¿es la guapa de la película? Noooooo, que casualidad, y ni se le ven las tetas ni nada, y claro, muere para que no quite protagonismos gays. La única carne que se ve en la peli, son culos peludos de tiarrones del norte y encima a millares, que parece eso una playa con las sombrillas quitadas.
Hablemos ahora de las vestimentas y del maquillaje, un claro signo de drackuenismo enorme. Van todos pintados como fulanas en una esquina, y ¿qué me decís de las faldas??? Hombres con faldas… vamos, venga, otro clarísimo signo de peli gayer a más no poder, llenos de cueros y cuerdas por todo el cuerpo, claro estereotipo del sadomaso mas universalizado.
Y ya finalmente el grito final de la película “libertad”. Hoy día hubiese gritado “entiendes” u “orgullo”. Claramente ese grito denota un “libertad de identidad sexual” como un castillo de grande.
En fin, lo dicho una película muy gay llena de carne masculina proyectada en sinfines de festivales gayers, en Chueca y en San francisco.
Por supuesto, ni que decir tiene que, quienes ven esta película, tienen un 50% de probabilidades de ser homosexuales, y a la gente que son fanes de esta película tienen un 96% de probabilidades de tener muy mal gusto. (si ni siquiera lo dobla el doblador oficial de Mel Gibson…)