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HAGO DEPORTE

AbdominalesEstoy quemao, quemao y cansado de tanto deporte, ¿quién dijo que esto es sano? Por que yo me encuentro peor que cuando empecé. Todo es a raíz del intento fallido por adelgazar, ya que la comida es mi segunda debilidad, y eso de hacer dieta no va conmigo, entonces intenté hacer deporte y tras mucho probar yo no le veo aliciente por ningún lado, cansa, duele, ensucia, y de adelgazar nada, yo termino de hacer deporte y tengo un hambre horrible, así que en vez de adelgazar estoy engordando más. Toda la culpa la tiene un amigo de mi primo el bombero, que de esto sabe un montón, y le contraté de entrenador. Por lo visto en la década de los ochenta fue subcampeón de España de “campo a través”, pero tuvo que dejarlo porque se perdía por el monte y luego tardaban días en encontrarlo al pobre desnutrido y desorientado balbuceando en muchas ocasiones “telescopio, telescopio”, y bueno si lo encontraban cerca de su pueblo pues siempre había algún campesino que lo reconocía, lo malo es cuando se perdía fuera de la provincia, como aquella vez que me contó que se perdió corriendo en Grecia, por lo visto se lo encontraron dos lugareños detrás de un peñasco y le recordaron donde se encontraba haciendo honor al nombre de su país. De regreso a España dejó el deporte de competición y le pidió la mano al que hoy es su marido.

Mi entrenador me aconsejó empezar por algo suave y que no requería gran destreza: correr. ¡¡¡Pues venga al lío!!!, me puse una camiseta que me regalaron en un Bar unas chicas muy monas por tomarme un “cacique-Cola”, unas bermudas muy cómodas con florecitas estampadas, mis zapatillas y mis calcetines blancos subidos hasta arriba, mi “MP3” con canciones de “Camela”, una cintilla en la frente, una gorra beisbolera, una mochilita ceñida a la espalda con bebida isotónica, mis gafas de sol y las rodilleras por si me caía. Cuando terminé de prepararme habían pasado dos horas así que tuve que dejarlo para el día siguiente que tenía más tiempo libre y me desperté más temprano, a eso de las 12h. Del mediodía. Una vez ya preparado me dispuse a ir a la ciudad deportiva y allí me encontraría con mi entrenador. -“¿Estás preparado?” – Me preguntó. – “¿Tú que crees?”-. Le conteste con mis manos en mi cintura dejando que mis brazos dibujaran la forma en asas de cualquier jarra barata, y una sonrisa a media expresión medio chulesca medio desafiante digna de una persona convencida de sus posibilidades. – “Bien, pues calentamos 5 minutitos a trote cochinero, luego estiramos músculos y nos metemos de lleno con 45 minutos de carrera continua”-. Hombre, no es por criticar pero para empezar me sonaba a poco, creo que este personaje no sabe mucho de deporte, que si estirar que si carrera continua…en fin, el tema es que empezamos a correr, (que para mi asombro es lo mismo que andar pero más deprisa y con la zancada más larga), y corrí mucho, más que correr volé, mis prietas carnes estaban en tensión y cual maquinaria de precisión respondían a mis intenciones de no querer parar jamás, solo estabamos mi entrenador y yo, fijos hacia el horizonte y de fondo mis canciones de “Camela”, el viento nos acariciaba la cara y el sol nos iluminaba el camino, el camino hacia la libertad, la paz, la alegría y el entusiasmo. Lástima que me cansara tras 90 segundos de empezar, lo que viene siendo minuto y medio, ¡Joder! Es que no es tan fácil esto de correr, que dicho así pues suena a nada, pero es cansado y muy jodido. ¡¡¡No es para mi!!!, además ¿dónde está el entrenador?, miré hacia un lado y al otro y no vi ni un indicio que me condujera hasta él. Se volvió a perder…

Cuando ya di por perdido mi intento de hacer deporte, unos amigos me hablaron del deporte colectivo, por equipos, jugando a algo con el fin de ganar y ser mejor que el equipo contrario, y al verme interesado me invitaron a una “pachanga” al día siguiente en las pistas de fútbol, de portero me dijeron, bueno de lo que sea, no tengo preferencias. El capitán de mi equipo me explicó que debería hacer lo que sea para que la pelotita no pasara la raya que había debajo de los tres travesaños, llamados “portería”. En principio yo no le vi demasiada complicación porque mi cuerpo ya ocupaba tres cuartas partes de la portería, entonces solo es cuestión de que no me la cuelen por lo huequecitos de los lados…¡¡¡chupado!!!.
Empezó el partido y yo cual gato nervioso observaba con recelo la pelota y su trayectoria para que no me cogiera desprevenido y me marcaran gol; uno se la pasa al otro, este corre hacia mi, triangula hacia atrás y se la pasa al más alto del quipo contrario que con toda la fuerza de un coloso le zumba una puntera al esférico que cual obús se dirige directo a mi entrecejo, yo solo pude gritar: – “¡¡¡nooooooooooooooooo!!!”-, pero si, vamos que si si si. Menudo gol que marcó el bestia, me tumbó hacia atrás del impacto y atravesamos la línea el balón, yo y mi vergüenza. Segundos después recobré la conciencia y solo escuchaba risas y carcajadas, mil dedos apuntaban hacia mi persona, acusando mi poca destreza y mofándose de mi poco acierto, así que allí los dejé y abandoné cabizbajo aquel lugar.

-“Apúntate a un deporte menos agresivo”-. Me sugirió mi médico después de hacerme un volante para un “Tac”. Quizás tenga razón, quizás no he dado aun con la horma de mi zapato, quizás yo sea un fuera de serie en algún deporte que esté hecho para mi y solo tengo que probar hasta encontrarlo, ¡¡¡claro que si!!!, ánimo chavalote, que tu puedes, si no me aliento yo, quién lo iba a hacer.
Me acerqué al pabellón multiusos de mi ciudad y allí me informé, solo quedaban plazas en bailes regionales o iniciación al baloncesto, así que la elección estaba clara…¡¡¡me iba a convertir en el próximo “Chicho Terremoto”!!!. Me encantaba el baloncesto, es un deporte divertido, un deporte competitivo, un deporte limpio y que no exigía sacar lo mejor de mi, bastaba con entrenar dos veces por semana el “driblin”, el tiro a canasta, un poco de manejo del balón etc…me encontraba realmente a gusto con este deporte, incluso duré bastante en el equipo y asistí a varios partidos, pero todo cambio cuando el entrenador me dijo: –“venga chico, a darlo todo”- , y claro entendí que tenía que salir a la cancha a jugar, a mi me gustaba practicar este deporte pero desde el banquillo, animando al equipo, pero no había jugado ni una sola vez, ni siquiera me sabía las reglas del juego, y eso de “darlo todo” ¿a qué se refería?, de todos modos lo di todo, todo lo que tenía en el estomago, es que me puse bastante nervioso (en el fondo soy un timidillo), vaya vomitona que eché a los pies del entrenador, me puse blanco y luego morado por que me atragante con un tropezón de carne que aun no estaba bien digerido y claro el servicio sanitario que se encontraba en el lugar tuvo que actuar para que yo, pobre de mi, no perdiera la vida. Me asusté tanto que decidí dejar este deporte, bueno en realidad el entrenador decidió por mi.

-“¡¡¡No me lo puedo creer!!!”-. exclamó la ex-cuñada de mi ex-amigo el tuerto. Todo lo que le contaba le parecía un cuento, pero a la misma vez sus expresiones denotaban cierto interés en mi problema hasta el punto álgido de coger su teléfono móvil y apuntarme un número con un nombre debajo (“Michael Phels”) en una servilleta del Bar donde nos encontrábamos,.-“toma, este número es de un buen amigo, le llamas y le dices que es de mi parte, y si te pone algún problema le amenazas con matar un patito de goma…hay cosas que él no soportaría…”-. Me explicó que era un nadador de piscinas, de los que están cuadraos; a mi no me gusta el agua, la verdad. Tras contactar con el misterioso amigo de la ex–cuñada de mi ex–amigo el tuerto me di cuenta que era forastero, o medio tonto, porque hablaba raro, pero nos entendíamos por gestos. Me llevó a una piscina de esas de invierno, aclimatadas, me dijeron, o algo así. Los primeros días iba todo bien, progresaba adecuadamente en el medio acuático, nadaba de espaldas, a estilo mariposa, braza… pero todo se torció cuando me pasé a la piscina de los mayores, me daba miedo, no hacia pie, y es que la película “Tiburón” ha hecho mucho daño a la sociedad, me daba la sensación de que algún animal tenebroso iba a mordisquearme los dedos de los pies, y el aprendizaje se hizo imposible, además fue quitarme los manguitos de los brazos y me hundía sin parar…un consejo: “no respiréis debajo del agua, no se puede”.
Mi siguiente intento fue por los derroteros de la defensa personal, siempre he querido ser un Karateka como Bruce Lee, o el chavalote de “Karatekit”, así que me apunté a un gimnasio que había cerca de mi casa donde se impartían clases de Taekwondo. Duré los 20 primeros minutos del primer día, pero esta vez no fue mi culpa, lo que pasó es que un enano de 1,55cm con pelusilla en el bigote me plantó su pie en mi cara nada más empezar un combate, y claro, tuve que hostiarle con la mano abierta, la imagen fue parecida a ver a Bud Spencer pegarle un guantazo a Justin Bieber. El maestro me echó de inmediato por pegar a su hijo. Pronto tendré que asistir a un Juicio Rápido por agresión.
Mi último intento tuvo que ser el primero, dejar mi asunto en manos de verdaderos profesionales del estado físico humano fue toda una salvación, me refiero a ir a un gimnasio con monitor, que no es una pantalla de T.V. como yo creía, sino una persona que te ayuda a ponerte en forma. Nada más entrar en la sala de musculación el olor penetra hasta lo más profundo de la pituitaria, y ese mismo aroma te incita al deporte. Lo malo de los gimnasios es que están llenos de espejos y, aun no queriendo, te ves, y en mi caso me veo gordo al lado de toda la gente que allí estaba, ¿a qué cojones van?, ¡¡¡pero si están todos cuadraos, no les hace falta el gimnasio!!!; las tías todas buenísimas, y los tíos fuertes y altos. ¡Joder!, si es que parezco Paco Martínez Soria al lado de estos muchachos.
Al entrevistarme con el monitor le dije que quería perder peso y me dijo que debería hacer mucho “cardio” o que también podía entrar a las clases de “cicloindoor”, pero que si me parecía muy duro pues lo más aconsejable era el “stepping” o “stepbox” como yo prefiriera, y cuando hubiera bajado un poco de peso me podría atrever con el “dualfit” para terminar con el “fitness”. Que de momento no comiera “glúcidos” ni “lípidos”, aconsejándome los “hidratos” antes de hacer deporte y las “proteinas” antes de irme a la cama, sin olvidar de “hidratarme” con abundante líquido a todas horas. A todo esto yo me quedé con cara de gilipollas y para no parecer un ignorante le pregunte: -“pero..mmm..esto..eeeeh entre cardio y cardio, ¿se puede comer pan?”-.Frunció el ceño y me dijo claramente que no. En verdad no me enteré de nada, ¿qué culpa tengo yo de no saber idiomas?, yo no entiendo lo de el “lípido” ni nada de eso, que me hable en Español, ¡¡¡que estamos en España cojones!!!. El tema es que empecé en una máquina de dar pedales, vas sentado y das pedales, y ya está, fácil, por lo menos los tres primeros minutos por que luego ya cansa y se suda mucho, pero ese no fue mi mayor problema…resulta que delante de mi había unas cintas correderas, o algo así, y en ella estaba una moza que era para decirla algo de lo monísima que era, ella se miraba en el espejo que tenía en frente, y yo le miraba como rebotaba su generoso escote a la par que trotaba, sus glúteos eran perfectos, y tras la fina maya rosada se podía adivinar un tanga que hacía resaltar, aun si cabe, más su figura. Yo que últimamente tengo menos relaciones sexuales que un cura en Semana Santa, pues me excito a nada que veo, y si además lo acompañamos al vaivén de los pedales que hacían rozar mi miembro con mis pantalones de deporte, pues el resultado fue una terrible erección digna de cualquier equino ibérico. Yo, avergonzado con la situación me puse la toalla en mi entrepierna, y pensaba en cosas desagradables para que todo volviera a la normalidad, como por ejemplo en la mata de pelos que tenía en la raja del culo una ex–novia mía, pero no surtía efecto, me excitaba aun más, entonces miré a otro lado donde estaban los chicos, pero es que hasta ellos están buenos, ¡¡¡que martirio!!!, lo que debían de ser 20 minutos de pedales se convirtieron en 60, dado que no me podía poner en pie a la vez que disimular tan bochornoso bulto, y al final un doloroso tirón en mi pierna izquierda me salvó de las garras de aquella maquina infernal. Todo volvió a su cauce y me dispuse a realizar el siguiente ejercicio. Al ser el primer día el monitor me dejó que me familiarizara libremente con las pesas, y eso hice, intente imitar los movimientos de los “cachas” del lugar, pero hubiera sido todo menos doloroso si no hubiese intentado imitarles también en el tamaño de las pesas, ya que ahora mismo me esta doliendo todo el cuerpo mientras escribo esto de las agujetas que me he provocado.
Todo tiene un sentido, y yo he aprendido de mis errores, quizás yo estoy en el mundo para darle significado a la palabra “gordo”, y no tengo que intentar ser otra cosa, ya que si todos fuéramos “delgados” nadie se daría cuenta del detalle tan hermoso llamado diversidad. Entre otras cosas también he aprendido:
1. Correr es de cobardes.
2. Perder o ganar da igual, lo importante es participar.
3. Nunca hagas deporte después de comer.
4. El agua es para las ranas.
5. La violencia es mala.
6. Antes de ir al gimnasio hazte una pajilla.

Sin más me despido, hoy menos quemao que otros días, ya que tanto deporte ha apagado mi furia. Seguiré en el gimnasio, pero sin tanto afán por parecerme a los “adonis” allí perennes.