Buenas señores, hoy quería hablaros de un muy buen colega mío. Un tío muy majo que conozco de hace ya mucho tiempo. Su nombre es Álvaro Sánchez Vázquez, el Chechu.
Hace un par de meses más o menos, y tras años de fumeteo continuo, me dijo que hasta ahí había llegado, y que dejaba el tabaco, que no iba a comprar nunca más. Claro, me reí a más no poder, más que nada porque llevábamos fumando desde los 12 años, esos cigarrillos que les quitábamos a nuestros hermanos mayores, y los que nos proporcionaba Nicolás Constantino, alias el Nicotino, el repetidor, experto en temas de tatuajes, mujeres y billares.
“¡Que sí, que sí, que lo dejo, lo juro por estas, y lo prometo por aquellas!”. Oye, pues me parece muy bien. Eso que ganas en salud, y eso que ahorras en dineros que viene muy bien.
Al principio, se le veía mal, tenía un poco de mono. Iba de un lado para otro sin sentido, mordisqueaba bolígrafos y lapiceros, cuando alguien nos llamaba al móvil decía “¿Quién es, quién es, quién es?”, nos miraba los cigarros como perro siguiendo un palo en la mano del dueño. Pobrecillo, “¡toma anda! fúmate uno, joder, que lo estas pasando muy mal”. Y, bueno, como era después del café, se lo fumaba.
Nos íbamos a tomar unas cañas y atendía más a la máquina de tabaco que a nosotros. “¡Toma Chechu!, fúmate uno entre caña y caña”, y también se lo fumaba. Cuando terminábamos de comer en el curro le entraban los sudores. “¡Cawen la mar! Toma anda un cigarrito!, y lo agradecía. La charla se alargaba, y claro, entre que ahora ofrece uno y luego ofrece otro, se iba fumando algún cigarrillo que caía, “para combatir el mono”. Que mal lo está pasando, pero que fuerte y valiente es.
Pasaron ya unas semanas, y cada vez le ofrecíamos menos, le intentábamos ayudar. Pero como al pobre se le saltaban las lágrimas cuando nos veía fumar, pues seguíamos ofreciéndole uno después de tomar algo… o nos lo pedía él, si se nos pasaba ofrecerle…
“¡Tío!, estas fumando bastante ¿eh?” le decíamos. “Si bueno, pero sólo con los colegas, por el tema del mono al veros fumar y eso, en casa no fumo, no compro de hace meses, y ¡deberíais hacer igual, no veas lo que se ahorra!”.
“Joder, pues habrá que pensárselo, porque desde que éste dejó de fumar, yo me gasto el doble en tabaco, y fumando lo mismo, no lo entiendo. Compro dos paquetes diarios, ¿quizás fume mas yo ahora? o ¿quizás sea, que me he transformado en el estanco de alguien?”
Pues sí señores sí, un par de meses lleva ya sin comprar tabaco como bien dijo, prometió y juro. Y sólo eso dejó, de comprar. Porque lo que es fumar sigue fumando como un carretero. Ya no nos deja ni que le ofrezcamos, directamente nos pide “un cigarrito”. Cuando se va para casa “uno para el camino”, cuando curramos “¿cómo los indios cabreados?”, cuando estamos en grupo, “venga, total, para uno más” y así día tras día. Fumamos a medias, yo pongo el dinero y el pone la geta.
Y es que mi amigo Chechu es muy majo y muy salao, pero tonto, lo que es tonto, no es, porque su forma de dejar de fumar es la mejor del mundo; “Método Gorrón, no pasas mono y ahorras un montón.”
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querido eduardo III: siento tener que decirte esto pero eres un CABRON, si yo fuera tu colega el supuesto gorron te dejaba de hablar y de pedirte tabaco. eso no se le hace a los colegas….
jajajjaja pues si k es wen metodo!!!
mi lema es como el de los gayers. mi tabaco es tu tabaco… soy wena gente.