Bueno, veamos, la siguiente leyenda urbana se puede interpretar de dos maneras:


Primero,… no hay que fiarse de tu propia mujer
Y segundo, no te fíes de lo que comas.

Esta leyenda esta ambientada en un matrimonio en el que el marido tenia un pequeño problema intestinal, cada vez que comía judías le producía una gran cantidad de ventosidades.
Un día llegó a casa y su mujer le vendó los ojos,…. Quería darle una sorpresa.
El hombre empezó a comer y en ese momento sonó el teléfono y la mujer se dirigió a cogerlo. El hombre, aprovechando que estaba solo, decidió “ventilar” su cuerpo.
Cual fue su sorpresa que, cuando se quitó la venda de los ojos, halló delante de el a sus padres y a sus hermanos.
Leyenda urbana algo estupida si se mira bien,…. Pero tiene un punto gracioso

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