Hemeroteca de la sección “Moralejas”

En cierta ocasión, un hombre caminaba por la playa en una noche de luna llena. Iba pensando de esta forma: Si tuviera un carro nuevo, sería feliz. Si tuviera una casa grande, sería feliz. Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz. Si tuviera una mujer perfecta, sería feliz…….

De repente tropezó con una bolsita llena de piedras. Al rato comenzó a arrojar las piedritas una por una al mar cada vez que decía: Si tuviera un carro nuevo, sería feliz. Si tuviera una casa grande, sería feliz. Si tuviera un excelente trabajo, sería feliz. Si tuviera una mujer perfecta, sería feliz…….

Así lo hizo hasta que solamente quedó una piedrita en la bolsita, que decidió guardar. Al llegar a su casa percibió que aquella piedrita era en realidad un diamante muy valioso. ¿Te imaginas cuántos diamantes arrojó al mar sin detenerse a pensar? Así son las personas: arrojan sus preciosos tesoros por estar esperando lo que creen perfecto o soñando y deseando lo que no tienen, sin darle valor a lo que tienen cerca de ellas. Si mirasen alrededor, deteniéndose a observar, percibirían lo afortunadas que son.

Muy cerca de sí está su felicidad. Cada piedrita debe ser observada, ya que puede ser un diamante valioso. Cada uno de nuestros días puede ser considerado un diamante precioso, valioso e insustituible. Depende de cada uno aprovecharlo o lanzarlo al mar del olvido para jamás recuperarlo.

¿Y tú como estás lanzando tus piedritas? que pueden ser amores, amigos, trabajo, e inclusive tus mismos sueños… “El mundo está en las manos de aquellos que tienen el valor de soñar y correr el riesgo de vivir sus sueños.” (Paulo Coelho).

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Un hombre trabajaba en una fábrica distante, a la cual llegaba todos los días en autobús. En una de las paradas subía una señora anciana, que siempre se sentaba junto a la ventana.

Ella abría la bolsa, sacaba un paquetito y se pasaba todo el viaje arrojando alguna cosa para fuera. La escena siempre se repetía y un día, curioso, el hombre le preguntó qué arrojaba por la ventana.

- Tiro semillas. Respondió ella.
- ¿Semillas? ¿Semillas de qué?
- De flores. Es que veo para afuera y la calle está tan vacía…

Me gustaría poder viajar viendo flores coloridas por todo el camino. ¡Cuán bello sería!
- Pero las semillas caen sobre el asfalto, son aplastadas por las ruedas de los carros, devoradas por los pájaros…
¿Cree usted señora, que las semillas germinarán a la orilla de la carretera?
- Así es, hijo mío. Aunque muchas se pierdan, algunas acaban cayendo en la tierra y con el tiempo van a brotar.
- Aún así… Demorarán en crecer… Necesitan agua…
- Ah, yo hago mi parte. Siempre hay días de lluvia. Y si alguien arroja las semillas, las flores nacerán.

Diciendo ésto, se dió vuelta hacia la ventana y recomenzó su trabajo. El hombre descendió luego más adelante, pensando que la señora ya estaba senil. Un tiempo después, en el mismo autobús, el hombre al mirar para afuera percibió flores en la orilla del camino … Muchas flores… ¡El paisaje colorido, perfumado y lindo! Se acordó entonces de aquella señora.

La buscó en vano. Le preguntó al chofer, que conocía a todos los pasajeros de viaje.
¿La viejecita de las semillas?…. Pues … murió hace cerca de un mes.
El hombre se volvió a su lugar y continuó mirando el paisaje florido por la ventana.
Pensó: Quién diría, las flores han brotado! ¿Pero de qué le valió su trabajo? Murió y no pudo ver toda esta belleza.

En ese instante oyó las risas de una criatura. En el asiento de enfrente, una niña señalaba por la ventana, entusiasmada:
- ¡Mira qué lindo! Cuántas flores por el camino. ¿Cómo se llaman aquellas…?
Entonces el hombre entendió que aunque aquella señora no estaba ahí para ver lo que había hecho, hizo su parte, dejó su marca, la belleza para la contemplación y la felicidad de otras personas.

Al día siguiente, el hombre subió al autobús, se sentó junto a la ventana, sacó un paquetito de semillas del bolso… Y así dió continuidad a la Vida, sembrando con entusiasmo y alegría sus semillas… El futuro depende de nuestras acciones presentes. Y si sembramos buenas semillas, los frutos serán igualmente buenos. ¿Has pensado en sembrar algunas semillas?

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Para tratar de motivar a sus alumnos que se mostraban apáticos en clase, un profesor tomó una jarra de vidrio, de boca ancha y la puso sobre la mesa frente a él. Luego sacó una docena de rocas del tamaño de un puño y empezó a colocarlas una por una en la jarra.

Cuando la jarra estaba llena hasta el tope y no cabían más piedras, preguntó:
- Está llena esta jarra? Todos los asistentes dijeron:
- ¡Sí! Entonces preguntó:
- Están seguros?

Y sacó de debajo de la mesa un balde con piedras más pequeñas. Echó unas cuantas de esas piedras en la jarra y la sacudió haciendo que las piedras pequeñas se acomodaran en el espacio vacío entre las grandes. Cuando terminó, preguntó una vez más:

- Está llena esta jarra?
Esta vez el auditorio ya suponía lo que vendría y uno de los alumnos dijo en voz alta:
- Probablemente no.
Continuó el profesor: - Muy bien. Y sacó de debajo de la mesa un balde lleno de arena y empezó a echarlo en la jarra. La arena se acomodó en el espacio entre las piedras grandes y las pequeñas. Una vez más preguntó al grupo:
- Está llena esta jarra? Esta vez varias personas respondieron a coro:
- ¡No!
Una vez más el profesor dijo: - Muy bien. Luego sacó un balde lleno de agua y echó agua dentro de la jarra hasta llegar al borde mismo. Cuando terminó, miró al auditorio y preguntó:
- ¿Cuál creen que es la enseñanza de esta pequeña demostración?
Uno de los alumnos levantó la mano y dijo: - La enseñanza es que no importa lo lleno que estés de actividades, ya que si de verdad te lo propones, siempre podrás hacer más cosas.
Replicó el profesor: - No. Lo que esta demostración nos enseña es lo siguiente: Si no pones las piedras grandes primero, va a ser difícil colocarlas más tarde. ¿Cuáles son las piedras grandes en tu vida?
- ¿Estudiar para prepararte mejor (y no sólo para pasar los exámenes)?
- ¿Terminar la tesis y graduarte? - ¿Trabajar no solamente para ganarte la vida?
- ¿Apoyar alguna causa social, política o religiosa?
- ¿Ayudar al País?
- ¿Enseñar a los demás? Recuerda poner estas piedras grandes primero, o luego no encontrarás un lugar para ellas. Así que hoy en la noche o mañana al despertar, cuando te acuerdes de esta pequeña anécdota, pregúntate a tí mismo cuáles son las piedras grandes en tu vida y corre a ponerlas de primero en tu jarra.

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