En el cole, el gafotas,
sin amigos y empollón,
por sacar más altas notas,
de mi clase siempre yo.
Luego vino el instituto,
continua mi historial,
no tenía sustituto,
el primero, number one.
Ya en la Uni y mi futuro, de grandísimo arquitecto,
madre mía que alegría, que contento y que ilusión,
cinco años enclaustrado y ya tengo mi proyecto,
finalizo mi carrera, mi súper preparación.
Dos añitos en los USA, aprendiendo su lenguaje,
ocho másters, quince cursos que costaron un pastón,
entrevistas a raudales, bien guapete y con mi traje,
y no consigo curro tan siquiera de peón.
Cargaditos de currículos he dejado ya mil zonas,
mendigando un trabajo, ya me bajo hasta el calzón,
y es que cojo lo que sea, kebab, pizza o Mc Donald,
ni en el chino me contratan para ser repartidor.
Sigo en casa de mis padres, continuo con sus normas,
compartiendo con mi hermano la misma habitación,
en mi piso imaginario, continuo con reformas,
porque veo que me quedo, hasta los cuarenta y dos.
Me preparo,
quince años,
de trabajo,
pa triunfar.
Y en el paro,
que descaro,
todo raro,
tó pa na.
No hay contrato,
el relato,
todo el rato,
que me dan.
Sólo pido,
haber vivido,
un despido,
nada más.
Todos sabemos que hay oficios y oficios, y la mayoría de los mortales nos tenemos que conformar con un curro de mierda donde nos explotan hasta la saciedad, y cobrando un sueldo tercermundista a mando de un jefe dictador y tirano que nos chupe la sangre como un mosquito en celo, sea el curro que sea; esto es un hecho.
El afortunado, tanto capital, como mentalmente, que se puede pagar una carrera, pues puede aspirar a un puesto, quizás, un poco mejor remunerado, lo que no quita que sigas teniendo un jefe gilipoyas, pero por lo menos eres tú el que elige el trabajo que quieres para tu futuro.
Lo que no es muy normal, y ya me gustaría a mí saber que pasa por la cabeza de esta gente, es elegir, y estudiar para ciertos trabajos, trabajos que por mucho que se gane, hay que estar un poco enfermo para, si quiera, pensar en plantearse querer trabajar en ellos:
La Coloproctología. No me imagino a un niño diciendo con 10 años, “¡Papá, Papá! quiero ser Coloproctólogo, que se gana mucho dinero!” Joder, yo quería ser futbolista, bombero o policía, y a día de hoy, con 35 años, voy con una moto repartiendo pizzas por las casas, poniendo mi mejor sonrisa para que caiga propinilla. Pero ¿¡Coloproctólogo!? Que tipo de mente sucia y perversa hay que tener para querer currar en eso, todo el día metido en el culo de la gente, con el dedo remollecido de tanto hurgar y hurgar y gastando dinerales en mascarillas. Debe de ser gente del tipo de que, o se meten a eso, o se convierten en asesinos múltiples de su universidad con una escopeta y una pistola por falta de amigos, o se meten en una secta, vete tú a saber.
Un trabajo al que todos queremos aspirar en nuestra adolescencia es el de Ginecólogo, más que nada por nuestra falta de sexo. Y lo gracioso es que el sueldo ni nos preocupa. Pero una cosa es la mente salida de un chaval, y otra cosa es hacerlo de verdad, porque hay que tener estomago con lo que se tiene que ver ahí; ver y oler, que no es lo mismo una niña de 20 años depiladita y monísima, que una gitana de 55 con meaos de 8 días y pelos desde el ombligo a los tobillos, que es lo que te vas a encontrar todos los días. (con todos mis respetos a las gitanas de 55 años que no se depilan y se cambian de bragas de semana en semana). Y, ¿cómo le dices a tu novia que quieres ser ginecólogo? Es como ponerla a prueba a diario. “Hoy he visto 3 mejores que el tuyo y 6 peores”, y claro, cuando llegues a casa y ella tenga ganas de tema, ¿tú qué haces? Le dices, “Tápate eso, que no quiero hablar de trabajo”.
Otro gran curro es el de Mamporrero. ¡Sí señor!, con dos cojones. “Papá, quiero ser Mamporrero”. Se lo dije yo a mi padre en plan coña para echarnos unas risas, y cuando desperté del coma, todavía estaba enfadado conmigo. Pero, ¿quién quiere ser un pajillero de caballos o toros? ¡Joder!, deja al animal tranquilo, que se lo haga el a su ritmo. Ponle una peli porno de vacas, o música romántica, pero por dios… que con eso no se juega. Suficiente tenemos con aliviarnos nosotros mismos todos los días…
Maquillador de Cadáveres. Bueno este ya es el colmo del mal gusto. ¿Qué persona en su sano juicio, después de sacarse una carrera, un curso o su FP de estética, se mete a maquillar cadáveres? Porque no creo que sea una rama de dicha profesión. Me imagino que estos son los últimos de sus promociones, que como lo hacen tan jodidamente mal, los meten ahí, donde el cliente no se queja, o llevas el curriculum a funerarias y tanatorios y dices que buscas trabajo, que es cuestión de vida o muerte.
Un chino del restaurante de debajo de mi casa me dijo que su hermano era sexador de pollos. “¡Joder!, ¿un loco zoofilico violador de animales?” le pregunté, y me dijo que no, que su trabajo consiste en mirarle los “huevos”, literalmente, a los polluelos de gallina y ver si son machos o hembras, para separarlos para la venta. Y ¿qué hay que estudiar para trabajar en eso? Y ¿qué tipo de droga hay que tomar para querer trabajar en eso? Y ¿con qué tipo de gente te tienes que juntar para saber que hay un trabajo de eso? No me contestó a ninguna pregunta…, pero por lo menos es mejor que ser mamporrero, mas limpio.
Y es que hay trabajos para todos, para gente normal, para gente enferma, para gente con escrúpulos y sin escrúpulos, vamos para todo el mundo.
Sigo prefiriendo ser futbolista o cantante famoso que es lo que veo en la tele y es lo que siempre he querido ser. Hay muchos más curros de este tipo, curros que nadie se plantea ser, pero, que si no tienes cuidado en la vida, podrías terminar trabajando en ellos.
“Dedicado a mi hermano, que de toda la vida ha querido ser psicólogo de perros.”
Chándal de colores, coche tuneao,
pendientes, tatuajes y pelo to rapao.
De fiesta y de jarana toy el día entero,
es mi profesión, soy Poligonero.
Los porros y el cristal, mi filosofía,
despierto por la noche, dormido por el día.
Corriendo con el buga, por la botellona,
Que me levantao tarde y me cierra el Mercadona.
El maletero abierto, luces de neón,
empieza ya el concierto con el chunda chundatón.
Camiseta de tirantes, músculos de adonis,
Ceja depilada y seis o siete chonis.
Un día tras otro, esto es lo que hago,
con mis trapicheos, todo me lo pago.
Nadie me dice lo que tengo que hacer,
porque yo soy muy HOMBRE desde antes de nacer.
Niní, niní, naná, naná,
viviendo en casa, de mi mamá.
Niní, niní, naná, naná,
me levanto a las 4, pa desayuná.
La gente me dice que busque un trabajo,
payasos de mierda, los mando al carajo,
que ahora no hay ná, que es muy difícil,
que no te contratan en tiempos de crisis.
Horas y horas he esperado en mi casa,
que venga alguien y diga ¡trabaja!…
…en un puesto digno y bien remunerado,
con coche, chofer y secretaria a mi lado.
Que curren mis padres, que es su deber,
y me suelten la paga hasta los treinta y tres.
De día la resaca, en la cama acomodo,
de noche de fiesta y dándolo todo.
Niní, niní, naná, naná,
viviendo en casa, de mi mamá.
Niní, niní, naná, naná,
pasando totalmente de trabajá.
Y si este país tiene un problema,
a mí me la pela, este es mi lema:
Fiesta, fiesta, fiesta y botellón,
colegas, tuning y pibas a montón.
Es lo que hay, es lo que elijo,
vivir de los padres, hasta vivir del hijo.
Niní, niní, naná, naná,
viviendo en casa, de mi mamá.
Niní, niní, naná, naná,
“CON ESTA GENTE, ASI NOS VA”
¿A quién no le ha ocurrido alguna situación en su vida comprometida, vergonzosa, vamos de ponerte la cara colorada y desear que te trague la tierra? Pues a todos claro. El caso es que a mí me han sucedido todas. Soy un tío gafado, que le vamos a hacer, tengo más mala suerte que un perro en china. Yo soy de los que decían, “me lio con la fea y así la guapa querrá liarse conmigo”… y acabé casándome con la fea… en fin.
*La primera que recuerdo fue siendo yo un zagalillo de unos 5 ó 6 años. Iba con mis padres, cogido de la mano de mi padre, por el centro de la ciudad. Iban mirando escaparates y yo, como buen crio, dando por saco y aburrido. De repente vi una tienda de juguetes y tiré de la mano de mi padre hacia ella. Recuerdo que se me salían los ojos, “me lo pido, me lo pido, me lo pido, me lo pido”, y entre tanto pedir y pedir, solté la mano de mi padre, aunque lo seguía viendo de reojo. Con estas que, después de un rato largo, y sin quitar la mirada del escaparate volví a coger la mano a mi padre. “¡Pápa!, ¡quiero el Hulk Hogan para reyes, el coche teledirigido, el Blandieblú, el Heman…!”, todo esto mirándome la mano mientras los iba numerando, cuando, me da por mirar a la cara de mi padre y…¡¡¡ostias!!!, ¡si no es mi padre!. Me quedé petrificado y acojonado, y es que ya llevaba rato con su mano cogida. A lo lejos escuché unas risas, y sí, eran mis padres, que no habían perdido ni un ápice de lo que estaba pasando. Solté al “extraño” y fui corriendo hacia ellos llorando como si hiciera años que no los veía. Que mal lo pasé…
*En los centros docentes tampoco me he librado de pasarlo mal. Cursaba 8º de E.G.B. Teníamos en clase un repetidor o tripitidor, no estoy seguro. Creo que tenía un hijo en 2º. De la quinta del profesor, vamos. Como era un inútil, los profesores pasaban mucho de él, pero claro, los que lo sufríamos éramos los demás alumnos. Un día, me sacó la Señorita Irene al encerado a hacer unos ejercicios de matemáticas que nos había mandado el día anterior. “¡Qué suerte!”, pensé, “para un día que los hago”, y me puse a realizar el ejercicio ajeno al universo. Tan ajeno, que ni me di cuenta que la profesora había salido, y al repetidor no se le ocurrió otra cosa mejor que ir hacia mí, sigiloso, y delante de toda la clase, bajarme los pantalones. Ya es vergonzoso quedarte en calzoncillos delante de toda la clase (y sobre todo delante de todas las chicas), pero más vergonzoso fue que me enganchó también los calzoncillos, y me quedé con el culo al aire. Tardé cero coma en volvérmelos a subir, pero el descojono fue tal, que vinieron dos profesores de las clases de al lado para ver qué estaba pasando. Encima explícaselo…
*Años más tarde, ya en el instituto, con 14 años aproximadamente, se me escapó una palabra “maldita” en clase. Es posible que sea la peor palabra que se le puede escapar a un chico semi-adolescente en medio de una clase. Estábamos en clase de literatura, con Doña Berta una mujer ya entrada en años y muy buena con nosotros, muy “madraza”. Estaba dando clase sobre Quevedo, y yo, que ya sabía que Quevedo y Góngora no se llevaron bien, en un alarde de sabiduría y de quedar por encima de todos, le quise preguntar: “Doña Berta, ¿es verdad que Quevedo y Góngora se llevaban a matar?” pero no, me salió la palabra maldita, le dije “Mamá”. Las risas en clase fueron monumentales. Me puse rojo como un camión de tomates maduros, no sabía ni dónde meterme. Menudo cachondeo…
*Tenía unos 17 años más o menos. Enfrente mío, en el 3º A vivía mi vecina, de mi edad, preciosa, estaba buena a rabiar, más desarrollada que un comentario de texto de Stephen Hawkins. Al principio no me hacia ni caso, como si no existiese, pero pegué un estirón muy rápido en un par de meses, cogí algo de altura y perdí unos kilos. De repente, ya me miraba cuando nos cruzábamos en las escaleras, incluso me decía hola sonrojándose. Un día, por la tarde, bajaba de mi casa a ver a unos colegas, y nada más meterme en el ascensor, me tiré un pedo-metralleta tipo Guiness de escándalo. Humo verde y todo se podía ver, que peste mas maloliente, pero que rico me sabia, me sentía orgulloso de mi mismo… hasta que vi como se abría la puerta de la casa de mi vecina y salía ella. Le di al botón de bajada rapidísimamente, pero no fue suficiente. Paró la puerta con la mano y entró con una sonrisa de oreja a oreja, mirándome con ojillos… Se me hizo eterno el viaje del 3º al bajo. “Vaya… como huele… ¿eh?… deben de ser las cañerías…” le dije, intentando disimular. “Si… si… las cañerías” me respondió mientras se tapaba la nariz y me miraba de arriba abajo con cara de asco, y claro, dejó de dirigirme la palabra y la mirada para los restos. Creo que ya ni cogía el ascensor…
-Seguiré contándoos historias de mi vergonzosa vida… que ahora me he deprimido…snif, snif.
Buenas señores, hoy quería hablaros de un muy buen colega mío. Un tío muy majo que conozco de hace ya mucho tiempo. Su nombre es Álvaro Sánchez Vázquez, el Chechu.
Hace un par de meses más o menos, y tras años de fumeteo continuo, me dijo que hasta ahí había llegado, y que dejaba el tabaco, que no iba a comprar nunca más. Claro, me reí a más no poder, más que nada porque llevábamos fumando desde los 12 años, esos cigarrillos que les quitábamos a nuestros hermanos mayores, y los que nos proporcionaba Nicolás Constantino, alias el Nicotino, el repetidor, experto en temas de tatuajes, mujeres y billares.
“¡Que sí, que sí, que lo dejo, lo juro por estas, y lo prometo por aquellas!”. Oye, pues me parece muy bien. Eso que ganas en salud, y eso que ahorras en dineros que viene muy bien.
Al principio, se le veía mal, tenía un poco de mono. Iba de un lado para otro sin sentido, mordisqueaba bolígrafos y lapiceros, cuando alguien nos llamaba al móvil decía “¿Quién es, quién es, quién es?”, nos miraba los cigarros como perro siguiendo un palo en la mano del dueño. Pobrecillo, “¡toma anda! fúmate uno, joder, que lo estas pasando muy mal”. Y, bueno, como era después del café, se lo fumaba.
Nos íbamos a tomar unas cañas y atendía más a la máquina de tabaco que a nosotros. “¡Toma Chechu!, fúmate uno entre caña y caña”, y también se lo fumaba. Cuando terminábamos de comer en el curro le entraban los sudores. “¡Cawen la mar! Toma anda un cigarrito!, y lo agradecía. La charla se alargaba, y claro, entre que ahora ofrece uno y luego ofrece otro, se iba fumando algún cigarrillo que caía, “para combatir el mono”. Que mal lo está pasando, pero que fuerte y valiente es.
Pasaron ya unas semanas, y cada vez le ofrecíamos menos, le intentábamos ayudar. Pero como al pobre se le saltaban las lágrimas cuando nos veía fumar, pues seguíamos ofreciéndole uno después de tomar algo… o nos lo pedía él, si se nos pasaba ofrecerle…
“¡Tío!, estas fumando bastante ¿eh?” le decíamos. “Si bueno, pero sólo con los colegas, por el tema del mono al veros fumar y eso, en casa no fumo, no compro de hace meses, y ¡deberíais hacer igual, no veas lo que se ahorra!”.
“Joder, pues habrá que pensárselo, porque desde que éste dejó de fumar, yo me gasto el doble en tabaco, y fumando lo mismo, no lo entiendo. Compro dos paquetes diarios, ¿quizás fume mas yo ahora? o ¿quizás sea, que me he transformado en el estanco de alguien?”
Pues sí señores sí, un par de meses lleva ya sin comprar tabaco como bien dijo, prometió y juro. Y sólo eso dejó, de comprar. Porque lo que es fumar sigue fumando como un carretero. Ya no nos deja ni que le ofrezcamos, directamente nos pide “un cigarrito”. Cuando se va para casa “uno para el camino”, cuando curramos “¿cómo los indios cabreados?”, cuando estamos en grupo, “venga, total, para uno más” y así día tras día. Fumamos a medias, yo pongo el dinero y el pone la geta.
Y es que mi amigo Chechu es muy majo y muy salao, pero tonto, lo que es tonto, no es, porque su forma de dejar de fumar es la mejor del mundo; “Método Gorrón, no pasas mono y ahorras un montón.”